Vómitos y diarrea: lo único que importa es rehidratar (y cómo detectar la deshidratación)
La gastroenteritis aguda es una de las urgencias más frecuentes en niños pequeños. Casi siempre es vírica y se cura sola: el peligro real no es el virus, es la deshidratación. Por eso todo el cuidado se reduce a una cosa: reponer agua y electrolitos.
Rehidratar: importa más el cómo que el qué
Qué usar: la solución de rehidratación oral (SRO) es la primera opción; su proporción de sales y azúcar está calculada para absorberse bien. Si no la consigues, puedes improvisar con agua de arroz y sal, pero prioriza siempre una SRO comercial.
❌ Lo que no debes usar: bebidas isotónicas de deporte (demasiado azúcar y proporción de sales incorrecta), solo agua (en gran cantidad diluye los electrolitos), zumos azucarados y refrescos (son hiperosmolares y empeoran la diarrea).
Cómo darlo, que es lo decisivo:
Poca cantidad, muchas veces: 5-10 ml cada 5 minutos.
A un niño que vomita, un vaso entero de golpe le va a salir casi seguro. Con cuchara o jeringa (sin aguja), a sorbitos, el estómago lo tolera y lo absorbe. Si vomita, descansa 10 minutos y vuelve a empezar con volúmenes pequeños.
Mantener ese ritmo durante toda una noche evita muchas veces un suero intravenoso.
Sobre la comida
No lo dejes en ayunas. Aquello de «que descanse el intestino» está superado: reanudar pronto la alimentación normal acorta la enfermedad y limita la pérdida de peso.
- Lactancia materna o fórmula: sigue igual, sin diluir
- Si ya come sólidos: lo que acepte, priorizando lo fácil de digerir (arroz, pasta, plátano, patata) con poca grasa y poco azúcar
- Evita: bebidas azucaradas, comidas grasientas y grandes cantidades de lácteos (en la fase aguda algunos niños tienen intolerancia transitoria a la lactosa)
Cómo valorar el grado de deshidratación
Leve (manejable en casa): labios algo secos, algo menos de pis, buen estado general.
Moderada (hay que consultar): boca claramente seca, orina muy reducida (en lactantes, más de 6 horas sin mojar el pañal), llanto con pocas lágrimas, ojos u ojeras y fontanela algo hundidos, decaimiento, piel con menos elasticidad.
Grave (urgencia, acude ya): ausencia de orina, ojos muy hundidos, el pliegue de la piel tarda en volver, somnolencia con dificultad para despertarlo, respiración rápida, manos y pies fríos y moteados.
Un indicador casero muy útil: anota los pañales. Más de 6 horas sin orinar en un lactante, u 8 en un niño mayor, es motivo para ir al médico.
Otros motivos para consultar
- Vómitos con sangre o de color verde oscuro (bilis)
- Sangre en las heces o deposiciones «en jalea de grosella»
- Dolor abdominal intenso y continuo, abdomen distendido, rechazo a que se lo toquen
- Fiebre alta persistente, decaimiento marcado, convulsión
- Vómitos o diarrea en un bebé menor de 3 meses
- Vómitos más de 24 horas sin tolerar líquidos, o diarrea de más de 7 días
Tres cosas que no hay que hacer
- ❌ Dar antidiarreicos por tu cuenta: fármacos como la loperamida tienen riesgos serios en niños pequeños, y además la diarrea es el mecanismo con el que el cuerpo expulsa el patógeno
- ❌ Dar antibióticos por tu cuenta: la inmensa mayoría de las gastroenteritis agudas son víricas; el antibiótico no sirve y altera la flora intestinal
- ❌ Dejarlo «en dieta» para que el intestino descanse: está demostrado que alarga la enfermedad
Evitar el contagio
El rotavirus y el norovirus son extremadamente contagiosos. Lavarse las manos es la clave, con agua y jabón: el gel hidroalcohólico tiene una eficacia limitada frente al norovirus. Limpia con desinfectante clorado las superficies manchadas de vómito, lava aparte su vajilla y no lo lleves a la escuela infantil hasta 48 horas después de que desaparezcan los síntomas. La vacuna frente al rotavirus previene eficazmente los casos graves.
Recopilado a partir del consenso pediátrico sobre gastroenteritis aguda; no constituye consejo médico. La deshidratación avanza rápido en los más pequeños: ante la duda, consulta pronto.
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