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Tu hijo tiene fiebre: una guía para no entrar en pánico de madrugada

Tocar de madrugada una frente ardiendo es un momento por el que pasamos todos. Empecemos por una frase: la fiebre no es el enemigo, es la señal de que el sistema inmunitario está trabajando. Lo que hay que tratar es el malestar del niño y la causa que hay detrás.

Primero, aclaremos: ¿a partir de cuánto es fiebre?

Se considera fiebre a partir de 38 °C de temperatura rectal o timpánica (la axilar sale algo más baja). El método de medición influye más que la cifra: en un mismo niño, cambiar de zona puede dar unas décimas de diferencia, así que no merece la pena obsesionarse con los decimales.

El principio más importante: trata al niño, no al termómetro

Entre un niño con 38,9 °C que sigue correteando y otro con 38,2 °C que está apagado y no se mueve, el que preocupa es el segundo. La clave está en el estado general, cómo come y si se está hidratando, no en el número.

El antitérmico sirve para que el niño esté algo mejor y así quiera beber y descansar; no para hacer bajar la cifra. Si está animado, bebe y juega, puedes esperar sin medicar aunque marque 38,5 °C.

Cuatro reglas al medicar

  1. Dosifica por peso, nunca por edad: es lo que más se falla y lo más importante. A la misma edad, el peso puede ser el doble
  2. Solo antitérmicos de un único principio activo: paracetamol, o ibuprofeno a partir de los 6 meses. No des anticatarrales combinados a niños pequeños: varias agencias reguladoras desaconsejan su uso por debajo de los 4 años y, además, es facilísimo duplicar el antitérmico y pasarse de dosis
  3. No alternes dos antitérmicos por tu cuenta: salvo indicación expresa del médico, alternar aumenta el riesgo de confundir dosis y sobredosificar
  4. Anota hora y dosis de cada toma: los relevos nocturnos son cuando más se repite una dosis. Escríbelo en un papel y pégalo en la nevera

Lo que no sirve o incluso perjudica

  • Abrigar para que sude: impide disipar el calor y en bebés puede provocar un golpe de calor
  • Friegas de alcohol: se absorbe por la piel y puede intoxicar
  • Baños de agua helada o hielo: provocan tiritona y suben la temperatura central
  • Parches de gel refrescante: enfrían la piel, pero no cambian el punto de ajuste térmico

Lo que sí ayuda: quitar ropa y mantas, ventilar la habitación sin que quede cargada, paños de agua tibia (si al niño le resulta agradable) y ofrecer líquidos con frecuencia.

Señales para acudir de inmediato

  • Cualquier fiebre en un bebé menor de 3 meses: sin excepciones, consulta ya
  • Decaimiento, cuesta despertarlo, mirada perdida
  • Respiración rápida o dificultosa, aleteo nasal, hundimiento entre las costillas
  • Manchas en la piel que no desaparecen al presionar (siguen viéndose bajo un vaso transparente)
  • Convulsión, rigidez de nuca, fontanela abombada
  • Rechazo mantenido de líquidos, orina muy escasa, llanto sin lágrimas
  • Fiebre de más de 3 días, o niño que empeora justo cuando le baja

Sobre las convulsiones febriles

Las tiene entre el 2 y el 5 % de los niños pequeños. Si ocurre: colócalo de lado, aparta objetos duros, no le metas nada en la boca y cronometra la duración. La mayoría cede sola en menos de 5 minutos; si dura más o es la primera vez, llama a emergencias.

La mayoría de las convulsiones febriles no dañan el cerebro ni equivalen a epilepsia, pero el primer episodio siempre debe valorarlo un médico.

Recopilado a partir del consenso pediátrico sobre manejo de la fiebre, para ayudarte a entender los principios. Para las dosis concretas, sigue el prospecto y la indicación de tu médico.

Gracias por leer

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